Reproducimos la intervención de Yasmina Álvarez Menéndez, autora del prólogo de volumen de cuentos, en el acto de entrega de premios del XXXIII Concurso Internacional y Escolar de cuentos “Valentín Andrés”
Muy buenas tardes:
Qué tiempos tan extraños vivimos… Qué mundo este…
Fíjense: mientras en otros lugares hay quienes se empeñan por hacer de este mundo el peor de los posibles, nos hemos reunido aquí hoy, en este espacio nuevo y cálido, un nutrido grupo de personas de diferentes procedencias, de diferentes maneras de entender la realidad, de diferentes sensibilidades e inquietudes; cada uno y cada una con sus propias ocupaciones y preocupaciones, con sus propios anhelos… Nos hemos reunido aquí, digo, en una tarde de sábado de otoño, para celebrar juntos la palabra. Y con ella, la literatura, la cultura. Y con ellas, la sensibilidad, la emoción, la ternura, la VIDA. Porque, sí, es cierto: muchas y muchos de ustedes tal vez consideren que están aquí únicamente para acompañar a un familiar o a un amigo que ha ganado un premio en un concurso de cuentos o para apoyar a los organizadores, o… quién sabe. Pero no se equivoquen: están aquí, estamos aquí, en un acto de militancia, para celebrar lo bello y para rebelarnos contra lo terrible de estos tiempos.
Unos tiempos en los que nos toca ser humanos en una sociedad que se deshumaniza a paso de gigante. Una sociedad en la que, cada vez más, nos abonamos a YOigo (y… no, no pretendo hacer publicidad, nada más lejos) para vivir en primera persona de singular. Una sociedad que se constituye, lo afirma el filósofo coreano Byun Chung Hal, que ayer mismo recibía el Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades, en un enjambre digital: vivimos intercomunicados, pero aislados. Una sociedad en la que hemos dejado de jugar (y qué es la literatura, sino un juego), de compartir con los otros (y qué es la literatura, sino compañía) para centrarnos únicamente en el producto y no en el proceso, en la meta y no en el camino.
Unos tiempos en los que, ya lo anuncian los estudios científicos, nuestro lenguaje se “aplana” (como tantos cerebros) y empieza a parecerse al de los robots gracias a la (cito textualmente) chatgptificación.
Unos tiempos en los que todo aquello que nos hace humanos (el humor, el amor, la memoria, la imaginación, el miedo, la compasión, la duda, la risa, la vulnerabilidad…) está desapareciendo detrás del brillo de las pantallas; detrás de discursos vacíos, sin alma.
Cómo no va a ser así si, mientras nosotros estamos aquí, celebrando y aplaudiendo a nuestras ganadoras y a nuestros ganadores, en algún lugar no muy lejano cualquier celebridad de este mundo 5.0 (o 6.0, 0… ya he perdido la cuenta) proclama a gritos entre miles de “me gusta” y “me encanta” que leer no nos hace mejores. Y no es que dude de que así sea. Grandes lectores ha conocido la historia que resultaron ser auténticos monstruos, pero… al escuchar ese aplauso a la mediocridad, esa apuesta por la ley del mínimo esfuerzo, no puedo dejar de preguntarme:
¿Cómo vamos empatizar con el dolor de una madre que pierde a su hijo si no hemos apretado los dientes junto a la madre de Bodas de Sangre, de Gª Lorca?
¿Cómo reconocer el amor, en sus múltiples formas, si no hemos sentido el temblor de Romeo al ver a Julieta, la fidelidad obstinada de Penélope, o la pureza del afecto que Juan Ramón Jiménez sentía por Platero?
¿Cómo identificar la pérdida si no hemos sentido la voz herida de Miguel Hernández en su Elegía a Ramón Sijé o en sus Nanas de la cebolla, escritas desde la cárcel para un hijo que apenas conoció?
¿Cómo podemos viajar por Castilla sin el mapa que nos trazó, verso a verso, Antonio Machado?
¿Cómo entonces reconocer lo que es un genocidio? ¿Cómo llamarlo por su nombre, con todas sus letras, si no hemos escuchado la voz temblorosa de Ana Frank cuando, escondida entre paredes, seguía creyendo en la bondad humana mientras el horror devoraba el mundo?
La literatura nos abre las puertas de emociones que quizá nunca vivamos en carne propia. Nos permite sufrir, amar, dudar y resistir junto a otros seres —reales o imaginarios— que nos revelan lo que significa ser humanos. Gracias a ella, aprendemos a mirar el mundo con ojos ajenos y, al hacerlo, nos descubrimos más capaces de comprender, de sentir y de acompañar. Por eso tiene tanto valor este acto y esta nueva convocatoria del Concurso de cuentos promovida por la Asociación Valentín Andrés a quienes agradezco profundamente su amistad y su invitación.
Queridas, queridos Andrea, Leo, Celia, Anna, Marlene, Brando, Paula, Pilar, Alberto. Es cierto que no habéis ganado un premio planetario de un millón de euros. Pero creedme, sobre todo los más jóvenes, si os digo que el vuestro tiene muchísimo más valor: vuestro premio es esto que hoy comienza, es este principio. Porque lo que de aquí os lleváis no es más que el caldo de cultivo de todo lo que está por venir. “Cultivo”: etimológicamente es el resultado de criar, de cuidar, de cultivar y de habitar en un lugar con otros… De ahí proviene nuestra palabra “cultura”. Y así, al calor del amor por la cultura, al abrigo de la honradez y de la palabra verdadera, a salvo del ruido y del frío nos han reunido hoy vuestras historias y vuestros personajes. No lo dudéis: ya sois parte de la historia. Al menos de la de cada uno y cada una de los aquí presentes.
Enhorabuena y gracias.
Curriculum de:
YASMINA ÁLVAREZ MENÉNDEZ
Yasmina Álvarez Menéndez (Tineo, 1978) es profesora de Didáctica de la Lengua en la Facultad Padre Ossó, centro adscrito a la Universidad de Oviedo. Con anterioridad desarrolló su carrera profesional en radio y televisión, tanto en tareas de producción como de presentadora.
Hasta la fecha ha publicado los poemarios Los versos que nunca os dije, Vivir en tus orillas (Versos desde Null Island), Cancelación del ruido, todos ellos en la editorial BajAmar, y la plaquette Cien pequeñas muertes para sobrevivir, en la Colección de Cuadernos Heracles y Nosotros, editada por el poeta Juan Ignacio González. Su nombre se incluye también en las antologías Voces Juntas y Metamorfosis (ambas editadas por el Círculo Cultural de Valdediós y coordinadas por el poeta y crítico José Luis Gª Martín) y Viento a favor (BajAmar).
En los últimos años ha colaborado en publicaciones periódicas como El Cuaderno, Ítaca o Nortes y ha sido invitada a participar en distintos eventos artísticos y literarios (Letriberia, POEX, FeLIX, CIMCO, LibrOviedo…) bien para leer sus textos, bien para compartir charla con otros autores.
Vinculada al mundo del teatro desde 1995, ha ejercido ocasionalmente como locutora de publicidad, narradora de audiolibros y actriz de ficción sonora.