Glosa de YASMINA ÁLVAREZ al aula de las metáforas

GLOSA DE YASMINA ÁLVAREZ AL AULA DE LAS METÁFORAS

Reproducimos, a continuación, la maravillosa glosa que Yasmina Álvarez hizo de la “FUNDACIÓN AULA DE LAS METÁFORAS”, cuya sede se halla en la Casa de Cultura de Grau/Grado, y con la que la Asociación Cultural Valentín Andrés mantiene contactos periódicos a lo largo del año, durante la entrega del prestigioso premio, “Asturianos de Braveza“- 16 de enero de 2026-, concedido por la Asociación Cultural Yúmper, creada para la Defensa de los Valores Humanos, que tuvo lugar en La Fresneda (Siero), y que fue recogido por el afamado poeta Fernando Beltrán, con raíces en nuestro concejo, y alma máter en la creación del Aula de las Metáforas.

Yasmina Álvarez Menéndez: profesora de universidad, escritora, poetisa, presentadora, locutora, actriz…… Tan versátil y polifacética, Yasmina no deja de recordarnos las palabras con las que Ortega y Gasset definió a Valentín Andrés: “el hombre que siempre está dejando de ser algo”. Y es que nuestra querida amiga, a pesar de tan intensa actividad, ha tenido tiempo para nuestra Asociación Valentín Andrés prologando el XXXIII volumen que recoge los relatos ganadores de nuestro concurso anual – 2025- , amén de participar en la entrega a los ganadores el pasado otoño y haber sido miembro del jurado de la categoría internacional en alguna ocasión.

Esperamos que disfruten del texto.

 

 

FUNDACIÓN AULA DE LAS METÁFORAS PREMIO YÚMPER ASTURIANOS DE BRAVEZA 2025

Centro Cultural La Fresneda, 6 de enero de 2026.

Corren, no hay ninguna duda, tiempos muy difíciles. Tiempos fríos; tiempos desapacibles y grises como el peor de los inviernos. Tiempos en los que da miedo despertarse cada mañana por el temor a que alguien haya decidido en plena noche, por propia voluntad o por petróleo, abolir los idiomas y todo el amor y toda la ternura y toda la memoria y la fraternidad que en ellos caben. Tiempos en los que tanta inteligencia y tanto artificio van carcomiendo todo aquello que nos hace humanos. Tiempos en los que lo verdaderamente bello y lo que importa van quedando sepultados bajo paladas de likes y de un scroll infinito. Tiempos en los que nos falta el tiempo y en los que vamos tan deprisa a tantas partes que llegamos muy despacio ya destiempo a las personas −y a sus ojos, ya sus brazos y a sus labios−.

Aun así, si comparten conmigo estos desasosiegos y estas incertidumbres…no se preocupen: existe un lugar en el que ponerse a salvo. Apunten bien estas coordenadas: 43 grados al norte, 6 grados al oeste. Allí, justo allí, encontrarán el abrigo con el que protegerse de la intemperie. Un rincón en el que la curación del mundo es posible. Un espacio que no es un refugio para huir de la realidad, ni mucho menos, sino para salir a ella con los ojos más abiertos y limpios. Y así contarla. Y así cantarla.

El Aula de las Metáforas nació en febrero de 2004 cuando el poeta y nombrador Fernando Beltrán −a quien una admira tanto desde hace tanto− decidió entregar dos mil libros de su biblioteca poética personal a la villa de Grao, raíz de su familia, como quien deja una llama encendida con el anhelo de que alguien la mantenga viva; como quien deposita una semilla con la esperanza —no la prisa—de que algún día se convierta en bosque.

El Ayuntamiento supo escuchar el gesto y le dio amparo en el Palacio de Miranda- Valdecarzana, no solo para almacenar y custodiar libros, sino para leerlos, decirlos, compartirlos. Un espacio para que la poesía, esa última casa de misericordia de la que hablaba Margarit, se hiciera cuerpo y voz.

Cuatro años más tarde, en 2008, aquel impulso inicial encontró su forma de permanencia. Y nació la Fundación Aula de las Metáforas con la vocación de cuidar lo ya creado y de hacerlo crecer: proteger los fondos editoriales y artísticos, impulsar actividades y ensanchar el alcance social del Aula sin traicionar su espíritu.

Desde entonces, el Aula y su Fundación han ido creciendo como crecen las cosas que se hacen de manera artesanal: gracias a la entrega y a la generosidad. Y hoy son ya nosécuántosmás de ocho mil volúmenes llegados por donación, por cariño, por confianza, por la convicción conjunta de que la poesía no se posee: se ofrece, se da.

El espacio mismo habla ese lenguaje. Diseñado con mimo y sin alarde. Pensado por quienes saben que la belleza es una cuestión de estética, pero también de ética, el Aula es fruto de muchas manos que trabajaron sin pedir nada a cambio. Artistas, diseñadores, creadores, poetas…que entendieron que este proyecto no era un escaparate, sino un lugar de acogida que, además de la voz, nos debía invitar también a alzar la mirada hacia sus paredes. Sin miedo. Porque esta Aula no es un templo, sino una casa de brazos abiertos a quien desee habitarla −desde Grao al mundo− como la habitan ya Joan Manuel Serrat, Concha Quirós, Chema Madoz, José Sacristán, Jesús Munárriz…y como la habitará dentro de muy poco Juan Mayorga, todos ellos galardonados con el Premio Aula de las Metáforas.

Una casa en la que infinidad de voces amigas nos darán la bienvenida, nos recibirán a manos llenas para así volver a pasear de nuevo a orillas del Duero con Machado. O entender, con Federico, que equivocar el camino es llegar a la nieve. Insistir, como hizo Miguel, en que el odio se amortigua detrás de la ventana. Descubrir, con Cernuda, que los marineros son las alas del amor. Convencernos, como Gloria, de que la poesía no debe ser un arma, sino un abrazo. De que no quererse es lo que más contamina, aunque sean pocos los lugares propicios al amor, como ya nos advirtió Ángel. Reconocer, con Gamoneda, que todo era verdad bajo los árboles. Sentir, con Olvido, que escribir el miedo es escribir despacio, con letra pequeña y líneas separadas. Recorrer una y otra vez de la mano de Xuan un país onde’l mundu llámase Zarréu Grandiellu Picu la Mouta Paniceiros. Escuchar a Javier García cuando nos dice que para abrir este libro hace falta la llave de la lluvia.

Encontrarnos, conversar con todos ellos y con tantos más es un milagro que se hace posible allí (recuerden: 43 grados al norte, 6 grados al oeste) gracias al mejor anfitrión de los posibles. Aquel que escriviviendo, nos revive. Aquel que bien sabe que la poesía es terapia y belleza y caricia, pero también vértigo y miedo y sacudida. Aquel que tan bien conoce a los poetas porque estos son, al fin y al cabo (y le cito):

 

 

los que nunca se rinden, los que mueren de pie bajo los cascos de los mismos caballos que inventaron, los que arengan

al poema con sus tropas, verso a verso ordenadas

y engañan luego al mundo con sus banderas blancas, los que imantan las brújulas de lluvia

y al calor de la herrumbre, una noche de perros inventaron el don de las metáforas.

En griego la palabra metaphorá nombra el acto mismo de transportar, de trasladar algo de un sitio a otro. La metáfora, pues, antes que figura literaria, fue viaje. Paso. Desplazamiento. Moverse para llegar. En la Grecia moderna, cuna de tantas palabras que aún hoy nos sostienen, para volver del trabajo a casa, para salir a cenar o para ir al cine, se coge un metaphorikó mésos. Un medio de transporte.

Gracias, Fernando; gracias, Leopoldo y demás miembros del patronato de la Fundación Aula de las Metáforas. Gracias, asturianos de braveza, por transportarnos de verdad a verdad. Por poner a nuestra disposición esa inmensa flota sostenible de metáforas que nos van llevando por los caminos de nuestras emociones más íntimas y nos ponen a salvo cuando todo parece perdido, cuando la historia empuja en contra.

Se sabe dónde comienza, pero jamás dónde concluye una metáfora, reza el lema inaugural del Aula.

Que este viaje no termine nunca. Enhorabuena.